Esófago de Barrett no displásico'

  • Revisado por Afsaneh Khetrapal, BSc

    El esófago de Barrett (EB) es una afección en la que un tejido similar al revestimiento de los intestinos cambia o sustituye el revestimiento del esófago (el tubo que transporta los alimentos desde la boca hasta el estómago).

    Aunque la EB tiene la posibilidad de progresar a una displasia de bajo o alto grado (una condición precancerosa) y luego transformarse en cánceres de esófago, en la mayoría de los casos, la displasia puede no presentarse o no puede ser identificada por las muestras de biopsia. Tal condición se denomina EB no displásica.

    Todos los pacientes con EB no displásica son sometidos a vigilancia endoscópica cada dos o tres años para diagnosticar cualquier signo prevalente de displasia. Si se descubre un riesgo de progresión a displasia, los pacientes reciben un tratamiento riguroso.

    Presentación clínica y factores de riesgo

    La EB no displásica se manifiesta como células en forma de columna que incluyen copones llenos de mucina y de color azul. Los factores de riesgo de progresión de la EB no displásica a cáncer de esófago pueden incluir una longitud de la EB mayor o igual a 6 cm y una hernia de hiato de más de 3 cm. Sin embargo, la progresión de la EB no displásica a adenocarcinoma esofágico y a displasia de grado superior es realmente infrecuente, con un riesgo inferior al 1%.

    Este grado de EB no displásica, en el que el tejido comienza a cambiar para parecerse a los revestimientos de tejido intestinal rojo, también se denomina Metaplasia Intestinal (MI).

    Diagnóstico

    La EB (tanto con displasia como sin ella) se diagnostica mediante una endoscopia diagnóstica, que se realiza utilizando luz blanca de muy alta resolución para ver el revestimiento interno del esófago. El tratamiento y el intervalo de vigilancia de los pacientes con EB se determinan en función del grado de displasia.

    En el caso de los pacientes con EB no displásica, se sugiere una vigilancia endoscópica cada tres años junto con biopsias, ya que algunos pacientes con factores de riesgo adicionales, como la edad inferior a 30 años en el momento del diagnóstico de la EB y los antecedentes familiares de cáncer de esófago, pueden favorecer la transformación de la EB no displásica en cáncer. El paciente con sospecha de EB no displásica se somete a endoscopia durante 6-12 meses y se realizan biopsias cada vez para determinar los cambios citológicos y estructurales de las células epiteliales.

    Las nuevas técnicas de imagen avanzadas para detectar la EB han mejorado e incluyen la imagen de banda estrecha, la quimioendoscopia, la tomografía de coherencia óptica y la microscopía confocal láser.

    Manejo de la EB no displásica

    Para la EB sin presencia de displasia o cáncer, se utilizan las técnicas de manejo tradicionales como enfoque primario común de tratamiento. Esto incluye el control de los síntomas de la EB y la vigilancia endoscópica periódica para prevenir la progresión de la enfermedad. Los cambios saludables en el estilo de vida pueden ayudar a eliminar el ácido en el esófago y a disminuir la prevalencia de los eventos de reflujo. Evitar ciertos alimentos como los cítricos, las bebidas, los alimentos picantes y grasos, y los tomates beneficiará en el control de los síntomas.

    Se deben realizar endoscopias y biopsias periódicas para estimar el área afectada por la enfermedad de Barrett. A algunos pacientes de alto riesgo sin displasia se les recomienda opciones de tratamiento como la resección endoscópica de la mucosa y la terapia de ablación por radiofrecuencia.

    • Resección endoscópica de la mucosa: Los pacientes de EB sin displasia pueden someterse principalmente a una resección endoscópica de la mucosa como paso inicial de diagnóstico o tratamiento. En este enfoque, los revestimientos mucosos afectados en el esófago se eliminan terapéuticamente utilizando un endoscopio. La mucosa dañada se reseca y levanta con una solución salina y luego se elimina mediante un accesorio de tapa o asa. Los márgenes adyacentes y profundos se examinan mediante una manipulación adecuada de la muestra. En los casos de EB no displásica, los pacientes no son sometidos a una terapia ablativa endoscópica de rutina debido a su menor riesgo de desarrollo de adenocarcinoma esofágico.
    • Ablación por radiofrecuencia: La EB no displásica en pacientes se maneja mediante terapia de ablación por radiofrecuencia (ARF). El proceso de ARF implica la energía de radiofrecuencia para ablacionar el tejido dañado a través de la endoscopia. En cuanto a la crioterapia, existen dos métodos. El primer método incluye un spray de nitrógeno líquido que elimina el tejido congelándolo, mientras que el segundo método implica un criobalón, es decir, se coloca un globo lleno de óxido nitroso sobre el tejido para congelarlo.

    La terapia de ARF se repite una o tres veces para confirmar la erradicación de todo el tejido afectado por la EB. En esta técnica, el riesgo de hemorragia después del procedimiento es muy bajo y tampoco implica la formación de estenosis. Después de la ARF, se realiza una vigilancia inicial para asegurar la eliminación completa de la EB y la no reaparición. Normalmente se realiza cada tres o cinco años.

    La ARF para la EB no displásica es rentable y tiene una eficacia de hasta el 90%; sin embargo, la vigilancia periódica en la EB no displásica es bastante cara.

    Seguimiento

    Los pacientes con EB no displásica después de la terapia de ablación deben realizar un seguimiento de biopsia de 4 cuadrantes por cada 1 o 2 cm de área completa que estaba previamente afectada con EB. La vigilancia endoscópica debe realizarse de forma rutinaria inicialmente una vez cada seis meses en el primer año después de la terapia de ablación.

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    Última actualización: 25 de junio de 2019